Realmente… desde hace años ya no existe la privacidad y además parece que ello no importa a casi nadie: quienes no lo saben, no lo saben, y quienes sabemos algo no siempre disponemos de los conocimientos para preservarla. Parece que la única solución que tendríamos para mantener nuestra privacidad seria desconectarnos del mundo tecnológico y en buena medida del entorno social inherente a él. Ello, obviamente no es posible y ahí seguimos conviviendo con esa sensación de sentirse continuamente vigilado, analizado, estudiado,… por todos: estamentos públicos, empresas privadas, otras personas,…

Somos una “fábrica” continua de datos personales y profesionales. Sin apenar percibirlo nuestra vida pasa por cámaras, “móviles”, ordenadores, servidores de datos,etc. quedando registrada en bytes y en disposición de ser analizada, a nuestras espaldas, por programas informáticos creados por la lógica matemática. Un dominio donde la ética, en muchos casos, apenas tiene cabida y cuando alguien dice ¡Alto, por aquí no paso!, se queda mas sólo que la una, fuera del sistema, fuera de esta sociedad llamada de la información y curiosamente también Sociedad del Bienestar. Si no fuera para llorar, seria para partirse de risa.

En fin, la humanidad se esta deshumanizando a marchas forzadas. Solo unos pocos entienden que que hay que recuperar este mundo para las personas, que estas no son máquinas bio-tecno-lógicas que forman parte del engranaje de esta sociedad obsesivamente tecnificada, sino seres humanos bio-lógico-espirituales (cuerpo-mente-espiritu). Nosotros no somos máquinas: estas están para facilitar nuestra vida; no para dominarla e incluso esclavizarla al seguimiento, sí o sí, de unos protocolos fijados desde esa lógica inhumanizada. Unos protocolos que dictan el “cómo” en acciones tan cotidianas como retirar tu dinero de un banco, ir a una consulta médica (en la que el médico esta mas pendiente del ordenador que del paciente), realizar un procedimiento en las innumerables administraciones publicas o, cualquier día de estos, visitar el excusable momento en que podrían realizarse distintos análisis clínicos y sociales. Todo siempre justificado por la modernidad y ese falso bien común que suele ser el menos común de los bienes.

Hay que reaccionar ante esta realidad, y reconquistar el derecho a la intimidad, a la privacidad de nuestras acciones y a una vida propia. Una vida no dirigida desde las distintas plataformas de opinión, medios de información-publicitarios y de control; en suma, el omnipresente estado en todas sus ramificaciones que, por cierto, cada vez son más. Esta reacción no es incompatible con el progreso y el avance social, económico, médico, tecnológico. Más bien, todo lo contrario: se complementan en el logro de un mundo mejor, más justo y donde todos, y digo todos, podemos convivir más en armonía, con nosotros mismos y la naturaleza. Creo firmemente que esto es posible.

La humanidad vivió hace apenas poco más de un siglo la revolución industrial; ahora estamos inmersos en plena revolución tecnológica. La primera puso a prueba y modificó la estructura social, pero la tecnológica esta yendo mucho más allá: también esta afectando gravemente al ser humano en su estructura biológica, mental-emocional y espiritual. Está enterrando la percepción del ser, el yo y eso nos deja totalmente a merced de la corriente de banalidades en la que navegamos cada día, no hay conciencia, ni somos conscientes del devenir de nuestras vidas, de nosotros mismos, y nos dejamos llevar fácilmente por aquello que unos pocos deciden. ¡Vuelve el bien común!.

La reacción ante esta situación, no puede ni debe ser una revolución más. Como la historia demuestra continuamente, las revoluciones sencillamente dan la vuelta a la pirámide del poder pero no buscan el bienestar individual, sino el de unos pocos ante la mayoría. Por ello la reacción debe ser individual, de cada persona. Y será la suma de las reacciones de esas personas la que realmente podrá cambiar el estado de las cosas y el futuro del mundo que conocemos, dejando un mejor legado a generaciones futuras.

Cuando hace años comencé la práctica del Yoga no pensé ni por asomo en su “poder”. Un poder no para cambiar al individuo, al que todos quieren cambiar a su imagen y semejanza, sino un poder para que el individuo pueda recuperar recuperar su verdadera identidad personal a través de un mejor conocimiento de si mismo. Desde ahí el individuo puede buscar la conexión con el ser-alma que le une al universo y que transciende con él.

Hablar de Yoga, es hablar de meditación-contemplación, que no son cosas diferentes. Ambas forman parte de un todo cuya practica “crea” individuos libres y conscientes, no solo de su propia realidad sino de la de la sociedad en la que viven. Los individuos son personas con pensamiento y sentir propio que toman la decisión de ser protagonistas de su vida y no ceder este protagonismo a quienes quieren dirigirle con planes de ingeniería social. Unos planes pensados para aquellos que siguen la corriente nadando a favor de ella o, lo que es peor, dejándose llevar.

No me cabe la menor duda de que hay una parte de la sociedad que ya está reaccionando: son individualidades que, sin tener esa intención, e incluso sin ser conscientes de ello, poco a poco van conformando una entidad mayor que va creciendo en la sociedad. Esa reacción, y no “revolución”, se ira notando cada vez más. De hecho el poder político ya se ha dado cuenta y por eso se están acercando al Yoga: es fácil imaginarse con que intenciones. A modo de ejemplo la reciente toma de control del día internacional del Yoga que se venia ya celebrando desde hacia más de una década por la libre decisión de maestros, profesores y practicantes; y que este año ha sido tomado por la política, incluso con declaraciones de propiedad sobre esta disciplina milenaria. También hemos visto en las celebraciones de Madrid y seguramente en otros lugares de España a políticos locales ocupando púlpito y discurso de “todos somos Yoga”, “esta es la ciudad del Yoga”. Por favor… ¡dejarnos en Paz!. Estamos muy bien sin vosotros.

En este momento, en el que estoy pasando a papel estas reflexiones personales, no entiendo muy bien el por qué lo hago. No hay un propósito intencionado, sino más bien una reacción a un articulo que acabo de leer y que vosotros también podéis leer. El artículo trata sobre la privacidad y las presiones de los estados a una empresa informática; especialmente a quienes dentro de esa empresa tratan de oponerse y defender la privacidad de sus usuarios (al final esta el enlace por si queréis leerlo). Pero como decimos en la Escuela Naradeva “La energía sigue al pensamiento” y he pensado que quizás son más las personas que piensan igual y que, como a mi mismo, les gustaría sentirse participes de estas reflexiones. Tal vez les gustaría incluso ampliarlas y/o difundirlas para que esta reacción sea cada vez mas amplia y notoria, para pasar de ser una alternativa a una realidad plasmada en el día a día.

¡Yo quiero ser Yo, y no voy a renunciar a la libertad de serlo! – y Tu… ¿qué decides ser?.

Daksha López – Profesor de Yoga
Escuela de Yoga Naradeva
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